Lucas 15.1-3,11-32

Auxílio homilético

21/03/2004

Prédica: Lucas 15.1-3,11-32
Leituras: Salmo 32,1-7,10-11 e I Coríntios 1.18,22-25
Autor: Hilário Tech
Data Litúrgica: 4º Domingo da Quaresma
Data da Pregação: 21/3/2004
Proclamar Libertação - Volume: XXIX
Tema:

1. Observaciones al texto

La Parábola del Hijo Pródigo es seguramente uno de los relatos neotestamentarios más conocidos em el ámbito de nuestras iglesias. Esto tiene la ventaja de que los oyentes cuentan con una determinada base de conocimientos previos, pero también con la desventaja de los preconceptos que muchas veces pueden condicionar el intento de una nueva relectura o interpretación.

Al abordar este texto es muy importante leer todo el capítulo 15 de Lucas, para constatar que la Parábola del Hijo Pródigo se encolumna en una serie de tres relatos que comparten motivos comunes, a saber:

– lo perdido;
– el encuentro;
– la alegría.

La anterior secuencia de motivos que aparece em la parábola del pastor que encuentra su oveja (Lc 15.1-7), la parábola de la mujer que encuentra su moneda (Lc 15.8-10) y la del Hijo Pródigo, o como la titulan algunas versiones “La parábola del padre que perdona a su hijo”, nos abre los ojos a posibles pistas para un posterior desarrollo temático del texto. Los críticos nominan a esta serie de relatos como las “Tres parábolas de la misericordia”. Las dos primeras cortas parábolas hacen de “preludio” y preparación para la que hoy nos ocupa, de allí la importancia de la lectura de todo el capítulo 15 de Lucas.

En cuanto al marco situacional, lo encontramos en el encabezamiento del texto, al comienzo del capítulo (v. 1-3). Allí aparecen los destinatarios: los que se aceraban a Jesús para escucharlo, publicanos y otra gente de mala fama; y aquellos que le criticaban a Jesús, sus adversarios de siempre, los fariseos y maestros de la ley.

Si bien existe un hilo conductor claro y coherente en el desarrollo del relato, hay críticos que sostienen que se trata de una conjunción de dos partes: la primera auténtica de Jesús (v. 11-24); y la segunda se trataría de un agregado lucano (v. 25-32). Cada una de las partes tiene a uno de los hermanos como protagonista central, la primera al hermano menor, y la segunda al mayor.

2. Camino al sermón

Propongo trabajar el texto en forma previa al domingo en el que se va a predicar sobre el mismo, en algún grupo de reflexión de la congregación (comisión directiva, grupo de jóvenes, damas, catequistas, confirmandos etc.). La consigna de trabajo para el grupo, o los grupos, será caracterizar a los diferentes personajes que intervienen en el relato: padre, hijo menor, hijo mayor, los criados y trabajadores.

Cada uno de ellos hará el esfuerzo por meterse em la situación del personaje y escribir un relato a modo de testimonio de lo sucedido desde su posición, intereses y expectativas. Estos testimonios se podrán incluir em la celebración dominical antes del sermón y previa introducción. De esta manera se logra una celebración más participativa y vivencial.

Para la tarea, cada grupo recibirá las siguientes pistas, que conviene tener en cuenta para la confección del testimonio de cada personaje:

Padre – Destaca su condición de patrón, jefe de familia y autoridad. Mucha expectativa puesta en sus hijos varones. Se debe notar en el testimonio el orgullo por la trayectoria de su granja (empresa), que viene trabajando con esmero durante muchos años. Destaca su condición de padre que a través de la educación y autoridad inculcó a sus hijos los valores del trabajo, la obediencia, el respeto. Hacer notar que a pesar de lo difícil que era aceptar la decisón del hijo menor de irse, el padre no lo retiene ni busca convencerlo, simplemente respeta su decisión y le deja marchar. Hacer ver las muchas preguntas que se podría estar haciendo el padre: motivos, equivocaciones? No obstante no pierde las esperanzas de que algún día el hijo regrese, siempre mira el camino para ver cuando llega... Entre tanto se consuela con la fidelidad de su hijo mayor.

Hijo menor – Se destaca en su caracterización un temperamento inquieto y curioso, muchas veces rebelde. Se nota su cansancio por el trabajo y la rutina combinado con ansias de mucha libertad (lejos de la mirada controladora de su padre, en otro país, en el extranjero), y manifiesta muchas ganas de disfrutar de la vida y sus placeres. Hacer notar que el desenfreno hizo que pronto su dinero se termine, y allí en la marginación, la miseria y la vergüenza, se encontra en un callejón sin salida y comienza a recordar la casa de su padre donde cada trabajador tiene comida en abundancia, esto le anima a volver. Resaltar su confesión de culpa, su desobediencia que se muestra en el texto en la intención expresa de renunciar hasta a sus derechos de ser llamado hijo. Mucho es el asombro que siente ante la actitud inesperada del padre, quien corre a su encuentro y ordena hacer una gran fiesta.

Hijo mayor – Destacar su trayectoria fiel, la de un hijo austero, obediente y respetuoso a su padre. Estuvo siempre a la par de su padre trabajando junto con los otros empleados y velando siempre por el progreso de la empresa. Se manifiesta su asombro e incomprensión por la actitud de su hermano menor al abandonar la casa y todos los compromisos, puede notarse un sentimiento de sobrexigencia al quedarse solo con su padre. Ante la acogedora reacción del padre al hijo menor, se enoja, se siente frustrado y acusa a su padre de romper el valor de la ley y pervertir la igualdad de la justicia. Su testimonio termina con un final abierto.

Criados – Se caracterizan como sumisos a las órdenes del patrón y testimonian una trayectoria de obediencia al mismo. Trabajaban a cambio de la comida, que según el texto, siempre sobraba. Su testimonio puede notar asombro ante las reacciones del padre.

Em base a las anteriores pistas los grupos confeccionarán, en forma creativa, testimonios de cada uno de los personajes, que será compartidos antes del sermón.

3. Reflexión

Una vez más somos confrontados con la esencia misma del mensaje cristiano: la lucha por un reino integrador; donde la aceptación, el perdón, la integración y la alegría son los principios básicos de toda acción. Principios y valores que son difíciles de aceptar a los ojos de los judíos que buscan señales milagrosas, o los griegos que buscan sabiduría (1 Co 1.22). Principios que tampoco son los propios para el sistema actual en el que estamos inmersos, un sistema individualista, mercantilista, competitivo, neoliberal.

Jesús le habla y se mezcla con los fariseos, publicanos y gente de mala fama para enseñarles a compartir el camino que lleva a la salvación. Un camino que no es propiedad de una piedad farisaica, o de alguna sabiduría particular, sino de todos aquellos/as que confían en el mensaje de Cristo, sinónimo del “poder de Dios para los que vamos a la salvación” (1 Co 1.18); tal como lo expresó Lutero que la justicia de Cristo sirvió para nuestros pecados, su cumplimiento para nuestro incumplimiento y su vida por nuestra muerte.

En el Parábola del Hijo Pródigo, o mejor llamada del Padre que perdona, Jesús nos presenta a un Dios (en la figura del padre), que sale al encuentro de sus hijos, los espera, los recibe, los abraza y les regala el amor y albergue. Un padre que no especula com los motivos del regreso ni reprocha; por el contrario, se alegra, festeja y perdona. Dios ofrece la gracia del perdón y la posibilidad de una existencia nueva.

Un existencia nueva no solo para los que se van y más tarde vuelven (como el hijo menor), sino también para aquellos que siempre fueron fieles, que siempre estuvieron, trabajaron y cumplieron. Aquellos que como el hijo mayor, cuestionan y celan el recibimiento de quien regresa a casa. No pocas veces se suceden situaciones similares también en nuestras congregaciones, somos protagonistas de historias del hijo pródigo, pero al revés, desde el lugar de quien se queda en casa. Pensemos tan solo en las veces que criticamos el regreso de miembros distanciados que acuden a la iglesia tras largas ausencias a solicitar algún servicio. Muchos son los debates y análisis en el seno de nuestras comisiones directivas que apuntan a actitudes muy similares a las del hijo mayor. Si miramos a nuestro alrededor vamos a descubrir que no son pocos los hijos pródigos que deambulan por las calles de nuestra sociedad y no encuentran el camino a casa, y nosotros tampouco se lo mostramos, o sencillamente cuando lo hallan se encuentran con puertas cerradas. Pensemos a manera de ejemplo en los marginados de nuestra sociedad, los sin techo, los alcohólicos, las personas con capacidades diferentes etc.

En las actitudes del hermano mayor Jesús refleja, cual si fuera un espejo, el pensamiento de los mismos oyentes y destinatarios de la parábola: los fariseos y escribas, que querían la exclusividad del Mesías porque se consideraban mejores y era éste sentimiento de superioridad lo que les llevaba a marginar y discriminar.

En la actitud del hijo menor que en medio de la miseria recuerda lo bien que estaba en la casa de su padre y decide volver y confesar su arrependimiento, encontramos uma lección de vida válida también para nuestro tiempo, cual es la de asumir la propia responsabilidad de la situación que se padece, y no buscar argumentos y culpables ajenos (estrategias muy comunes y difundidas hoy en día). Este hijo experimenta la felicidad del perdón, porque su padre le perdona y lo recibe, haciendose eco así en sua vida la verdad del Salmo 32.1: “Felíz el hombre a quien sus culpas y pecados le han sido perdonados por completo”, hasta antes de hacerlo “su cuerpo iba decayendo por su gemir de todo el día” (Sl 32.3).

El regreso del hijo es motivo de fiesta y alegría para todos, y los preparativos se suceden en forma inmediata (v. 22), no hay tiempo para especular, ni explicar ni fijar algún tipo de condiciones. El hijo que estaba perdido es reintegrado con todos sus derechos a la familia: lo visten, lo calzan y le ponen un anillo en su dedo.

Llama la atención el final abierto con que termina la parábola, no es conclusiva, sino que termina con una invitación, también dirigida a cada uno de nosotros, a que participemos de la gran fiesta al saber que la salvación es motivo de alegría, tal como lo pregonamos año tras año, en el anuncio de los ángeles a los pastores en el campo en ocasión del nacimiento de Jesús: “No tengan miedo, porque les traigo una buena noticia, que será motivo de gran alegría para todos” (Lc 2.10), pero una alegría compartida, también con aquellos que son y piensan distinto a nosotros.

Bibliografia

BORNKAMM, Günther. Jesús de Nazaret. Salamanca: Sígueme, 1982.
JOHANNSEN, Friedrich. Gleichnisse Jesu im Religionsunterricht. Gütersloh: Gütersloher Verlagshaus Gerd Mohn, 1986.
KRUEGER, René. Auxílio homilético sobre Lucas 15.1-3,11-32. In: Proclamar Libertação XVII. São Leopoldo: Sinodal, 1991.
PIKAZA, Xabier. Los orígenes de Jesús. Ensayos de Cristología Bíblica. Salamanca: Sígueme, 1976.
WIEFEL, Wolfgang. Das Evangelium nach Lukas. In: Theologischer Handkommentar zum Neuen Testament. Berlim: Evangelische Verlagsanstalt, 1988.

Proclamar Libertação 29
Editora Sinodal e Escola Superior de Teologia


Autor(a): Hilário Tech
Âmbito: IECLB
Natureza do Domingo: Quaresma
Perfil do Domingo: 4º Domingo na Quaresma
Testamento: Novo / Livro: Lucas / Capitulo: 15 / Versículo Inicial: 11 / Versículo Final: 32
Título da publicação: Proclamar Libertação / Editora: Editora Sinodal / Ano: 2003 / Volume: 29
Natureza do Texto: Pregação/meditação
Perfil do Texto: Auxílio homilético
ID: 7097
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