Romanos 6.3-8

Auxílio Homilético

06/07/1986

Prédica: Romanos 6.3-8
Autor: Eugênio Araya
Data Litúrgica: 6º. Domingo após Trindade
Data da Pregação: 06/07/1986
Proclamar Libertação - Volume: XI

 

I — Texto

Entre Ias tantas traducciones bíblicas que hay en castellano, me parece, en este caso específico, más aconsejable Ia vieja versión de Casidoro de Ia Reina con sus nuevas revisiones. Desde mi punto de vista está más apegada a Ia letra y al espíritu mismo de Ia Espístola. Quizás seria recomendable que una vez que se haya hecho Ia lectura del texto se lea Ia hermosa simplificación que Charles H. Dodd hizo de esta carta y detenerse en Ias poças líneas que corresponden a este tema, en donde se lee Io siguiente: Ser salvo por medio de Cristo significa estar muerto en cuanto al pecado. Piensa en el simbolismo del bautismo. Entras en el agua, y eso es como ser sepultado con Cristo. Sales del agua, y eso es como resucitar con Cristo. Por consiguiente, significa una nueva vida, una vida que proviene de Ia unión con el Cristo viviente. (The meaning of Paul for today)

El texto no parece tener complicaciones. Se nos habla del bautismo que simboliza Ia muerte y que por medio de él nos hace participar en Ia muerte de Cristo, pero, y esto es muy importante, también nos hace participar en su resurrección.

Comienza este trozo (6.3) con un llamado al bautismo, que en Ia iglesia primitiva se realizaba por inmersión. Con esto se da a antender que el ser bautizado en Cristo Jesus significa haber sido incorporado a él, en Ia comunión de su congregación (de su comunidad para usar una frase que tiene una mayor connotación). Hemos sido bautizados en su muerte. Su muerte significo su victoria sobre el pecado y por eso, el ser bautizado en su muerte significa el poder compartir su victoria. Y esto es justamente Io que aqui nos dice Pablo.

(6.4) Este acto solemne de inmersión en el agua del bautismo es un paralelismo simbólico a Ia muerte, el acto de ser enterrado, pero es también un paralelismo a Ia resurrección porque Ia historia del Cristo no termina con su entierro, sino que continua con su resurrección. Pero es muy conveniente aclararque este simbolismo que hace Pablo está muy lejos de considerar el bautismo como un hecho simplemente simbólico. En el bautismo se produce un hecho real de participar en Ia muerte y en Ia resurrección de Cristo. El sentido existencial de Ia muerte, esta vez aplicado al pecado, queda señalado cuando se dice que hemos sido sepultados juntamente con él para Ia muerte por el bautismo. Y, por otra parte, al referirse a Ia resurrección, Pablo enfatiza Io positivo del acto, que es este comenzar Ia nueva vida por Ia Gloria del Padre.

(6.5) hemos sido plantados juntamente con él, como Ia semilla que vuelve a brotar y renacer.

(6.6) Y al ser plantado hemos enterrado nuestro hombre viejo, hemos sido, al igual que Cristo, crucificados, para destruir el cuerpo del pecado (soma tes hamartías, Ia carne/cuerpo, que es sinónimo de pecado).

(6.7) El que ha muerto ha sido justificado del pecado. Aqui hay una aplicación legal. La persona que muere queda, por el hecho de morir, liberado de su culpa.

(6.8) El morir con Cristo significa vivir con él.

II — Meditación

En este domingo tanto en el Evangelio como en Ia Epistola se coloca como tema central el Bautismo. El sacramento, o verbum visibile (Ia Palabra visible), o mejor aún, el verbum actual e (Ia Palabra actual) por Ia cual Dios actua y nos hace partícipe en Ia muerte y en Ia resurrección de Cristo.

Pablo nos enseña que el bautismo, que es Ia invitación de Dios hace al hombre a participar en su Reino, tal como aparece en Ia Parábola del gran banquete (Lc. 14.15-24). El Señor nos Ilama para que pasemos a incorporar-nos realmente a su iglesia, efectivamente, como miembros de ella, como partes vivientes del cuerpo del Señor (1 Co 12.13).

El Bautismo es del Espíritu Santo y del agua, al mismo tiempo y ninguno de los dos puede ser sin el otro. Es como en Ia parábola quo los empleados del Señor salen a Ias calles y traen, aún forzando a Ios nuevos invitados. Pero aún así, hay una parte de consentimiento por parte del que se deja Ilevar. Es comprensible así Ia forma en que Jesús termina su parábola: Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena. Aquellos hombres que fueron convidados, son evidentemente los que se niegan a asistir. Por eso es que es necesario recalcar que es el Bautismo obra de Dios y obra del hombre, como Palabra de Dios y respuesta del hombro. El bautismo es una interpelación que Dios hace al hombre y que este debe responder. Pero para poder responder, para poder aceptar vá a tener que hacerlo por medio de Ia fe que Dios ha colocado en él. Es una tarea que debe realizar el hombre y que implica Ia condición previa de Ia fe. La Palabra de Dios que se dirije al hombre pidiéndole una respuesta. Pero no hay que olvida que Ia Gracia nunca obliga, sino que pide una aceptación. Es una Gracia que respeta al hombre.

Aquí se podría hablar del bautismo de párvulos, aunque seria capítulo aparte. Bastaria con decir que en este caso el bautismo debe ser tomado como un Don de Dios. Allí no se puede esperar Ia tarea del hombre, Ia respuesta por Ia fe, ya que el niño no puede responder aceptando, sino que es simplemente un Don de Dios que quiere hacerse presente, que quiere regalar-se y que no nos corresponde a nosotros a negar Ia Gracia, cuando Dios Ia da a quien quiere y como quiere.

III — Predicación

No me parece que sea muy difícil explicar todo el sentido del bautismo, salvo algo que está unido a él y que se señala en este trozo: El morir con Cristo al pecado.

¿Qué significa morir al pecado? Y aún más ¿que significa el participar de Ia victoria de Cristo sobre el pecado? ¿Cómo explicarlo?

Me parece que el gran error que caen algunas iglesias, y por Io cual se produce una defección de sus miembros. Se predica del arrepentimiento y del bautismo como un acto mágico, por medio del cual el hombre deja de ser pecador. La persona se entusiasma, comienza su acción dentro de Ia iglesia y poco después, experimenta que aún sigue siendo pecador. Aparece su gran desánimo, su desilusión y le parece que el Evangelio no da resultados. La gente quiere ver hechos, realizaciones, palpar esta nueva realidad.

La pregunta podría ser, entonces, ¿es que no se produce Ia muerte al pecado si seguimos siendo pecadores?

La pregunta es fácil, pero no Io es tanto Ia respuesta.

Un intento de explicación es mediante un problema que nos presentan unos teólogos judíos. Ellos dicen La diferencia mayor en¬tre el judaísmo y cristianismo radica en Ia importancia que cada religión otorga a Ia fe y a Ias obras (Dennis Prager, Joseph Telushkin, 8 preguntas sobre judaísmo).

Para el judío Ia redención no se ha producido porque ella no puede realizarse en el marco de Ia fe (Io oculto) sino en el marco do la realidad tangible (Ia visible, Ias obras). Si Jesús hubiese sido el Cristo, afirman los teólogos judíos se habrían cumplido Ias profesias mesiánicas y ya viviríamos Ia redención. Ya no habría dolor en el mundo, ni guerras, ni males, ni desequilíbrios, etc. Sin embargo, el mundo sigue sufriendo todo esto, Io que significa que Jesús no era el Mesias y por Io tanto Ia Redención no se ha efectuado.

Para el cristiano todo se ha efectuado y puede entenderse en la fe. Con Ia muerte y resurrección de Cristo. De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; Ias cosas viejas pasaron; he aqui todas son hechas nuevas. (2 Co 5.17). Lutero dirá: Nueva Creación es el Perdón de los pecados.

Los pecados han sido perdonados y con eso tenemos ya cielos y tierras nuevas. Hemos pasado de Ia muerte a Ia vida. Pero esto es una afirmación de fe. La fe consiste poner totalmente Ia esperanza en Crlsto y en su promesa, en su justicia, es decir, en el perdón de los pecados. Paul Althaus dice: Creer no es experimentar, no es ver, sino, contra toda experiencia y contra todo Io visible, arriesgarse sobre Ia única base de Ia promesa de Dios en Jesucristo (P. Althaus, Die christliche Wahrheit, 1958, p. 601).

Es inegable que el cristiano vive en un dualismo, o mejor dicho, en una permanente tensión. Esto se nota en Ias cartas de Pablo. El hombre es hombre carnal totalmente y espiritual totalmente y al mismo tiempo, es el simul justos et peccator. La simultaneidad de dos níveles, que hace que el hombre que realmente ha muerto al pecado por Ia fe sea semper peccator a Ia vez que es semper justus. Pero en este binomio falta una tercera parte y es el semper poenitens. El pecador que permanentemente se tiene que arrepentir de su acclón. La obra del Espíritu Santo es justamente Ia de mostrarnos nuestra condición de pecadores. Y nos santifica al permitir que comprendamos quien es el Señor y podamos confesar a Jesucristo.

Todo esto podría parecer demasiado pesimista. Me recuerda, al contarlo así, en esta forma, al hermoso y trágico cuento de Oscar Wilde El cumpleaños de Ia Infanta. Se trata de una princesita española en Ia gran época, que tenía un bufón que era un enano deforme. Su participación en Ia corte causaba gran hilaridad, y todo el mundo reclamaba porque hacía reir a carcajadas con sus maromas. El se creía gracioso y pensaba que Ia gente reía debido a su ingenio, ingenio que muchas veces era agudo contra algunas personas de Ia Corte. Vivía feliz, pero un buen día, o mal día para él se encontro frente a un espejo. Jamás había visto el espejo. Y al ver esse esperpento frente a él, comenzó a reir y a ridiculizar al personaje. Pero no duro mucho su risa, porque pronto se dio cuenta que esa cosa horrible era él mismo. La historia es trágica y termina con Ia muerte del bufón.

Así también podría terminar nuestra propia historia si no aceptamos por Ia fe, que no necesita comprobación alguna, ya que toda comprobación hace que deje Ia fe de ser tal, que hemos vencido al pecado en Cristo Jesús. A pesar de nuestra propia experiencia.

La justificación por Ia fe (el perdón de los pecados) será siempre de difícil aceptación porque, psicologicamente queremos tener parte en el proceso. Queremos ser los autores de nuestra propia salvación. Y si aceptamos una acción de Dios queremos que ella se haga notar como un acto mágico, Dios es un gran mago que con su varilla nos transforma, tal como Ia historia de hadas. Pero Ia fe cristiana nos dice que nuestra confianza está colocada en Cristo y en su promesa, aunque no veamos ni sintamos nada. Es como dice el Apóstol La esperanza contra toda esperanza. El perdón de los pecados existe y hemos muerto al pecado en Cristo Jesús a pesar de nuestra condición de pecador permamente y de nuestra necesidad permanente de arrepentirnos para estar recibiendo el constante perdón. Es el dualismo inmediato, o Ia tensión inmediata en que vivimos. De allí Ia frase de Lutero a Melanchthon en su carta del 1 de agosto de 1521: Si eres predicador de Ia gracia, predica Ia gracia verdadera, Io Ia gracia fingida; si Ia gracia es verdadera, ten Ia seguridad de que se trata de pecado verdadero, no del fingido, porque Dios no salva a los pecadores fingidos. Sé pecador y peca fuerte, pero confia y alégrate más fuertemente aún en Cristo, vencedor del pecado, de Ia muerte y del mundo.

El evangelio de este trozo es exactamente este: a pesar de ser pecadores reales y auténticos, que cometemos verdaderos pecados, Dios nos ha llamado por nuestro propio nombre, por medio de Jesucristo para que seamos de él y no toma en cuenta nuestros pecados, no es que los borra ni los elimina, sino que nos acepta como pecadores arrepentidos, nos acepta tal como somos y en esa aceptación está el triunfo sobre el pecado.

IV — Subsídios litúrgicos

1. Confeslón de Pecados: Hacer hincapié en nuestra incredulidad en el poder de Dios, y en el perdón de los pecados. Nuestro mayor pecado es Ia incredulidad, y en este caso el no aceptar que Dios nos haya perdonado, porque esperamos ver por un sentido de perfeccionismo nuestro un mejoramiento de nuestra situación. Reconocor nuestros verdaderos pecados, olvidando un poco Ia repetición constante y a veces, automática del pedir perdón que hace que confesemos pecados fingidos, y pecados acomodados.

2. Colecta: Dar gracias a Dios que por medio del bautismo nos invita a participar en su Reino, de tomar parte en su vida y de vivir, a pesar de nuestras debilidades tomando parte en el banquete junto a su pueblo.

3. Oración general: Pedir por que en nuestros países junto con el perdón de los pecados se produzca el milagro del reconocimientode Ia responsabilidad que hace posible Ia existencia de estructuras pecadoras, injustas y opresoras. Que el participar en Ia muerte yen la resurrección de Cristo nos haga poder participar en Ia muerte y en Ia resurrección del pecado social a Ia justicia y paz fraterna.


Autor(a): Eugênio Araya
Âmbito: IECLB
Natureza do Domingo: Pentecostes
Perfil do Domingo: 7º Domingo após Pentecostes
Testamento: Novo / Livro: Romanos / Capitulo: 6 / Versículo Inicial: 3 / Versículo Final: 8
Título da publicação: Proclamar Libertação / Editora: Editora Sinodal / Ano: 1985 / Volume: 11
Natureza do Texto: Pregação/meditação
Perfil do Texto: Auxílio homilético
ID: 17775
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