La Comunidad Luterana y la Práctica de una Pastoral de Vida

Relato de Caminhada com a Bíblia

09/12/1989

I — La Comunidad Luterana Fe y Esperanza

La Comunidad Luterana Fe y Esperanza tiene como objetivo principal solidarizar-se en forma activa y efectiva con los refugiados salvadoreños y constituye una manifestación más de la solidaridad cristiana con los pobres. La comunidad es la expresión del reencuentro de hermanos que están en Nicaragua sufriendo las consecuencias del exilio, compartiendo la grave crisis económica y social que abate ese país.

El denominador común que identifica a los refugiados es, en primer lugar, que todos llegaron a Nicaragua por el mismo motivo: la guerra. En segundo lugar, todos tienen la esperanza de un nuevo amanecer en El Salvador y, por lo tanto la esperanza del retorno. En tercer lugar, viven y comparten el sacrificio del exilio. Estos tres elementos permiten que la población refugiada se mantenga unida y que se desarrollen formas colectivas para dar respuesta a sus problemas.

Los proyectos tanto de pastoral como productivos que la comunidad implementa, buscan desarrollar la capacidad critica así como las habilidades del individuo. La comunidad busca rescatar al refugiado de su actitud pasiva y parasitaria, incorporándolo a un auténtico programa de formación y autogestión. Junto a eso se busca llevar al refugiado el mensaje liberador que el evangelio contiene, através de reflexiones bíblicas, talleres populares de teología, seminarios, etc.

II — Pastoral de acompañamiento

La pastoral de la comunidad puede ser concebida como pastoral de acompañamiento. La realidad del exilio añadido a toda la amargura y los traumas psicológicos por la muerte o desaparecimiento de una familia o las huellas de la cárcel exigen un acompañamiento y un consuelo. El exiliado generalmente presenta una crisis de identidad y tiende a permanecer en el pasado llevándolo a cierta pasividad. Esta dura realidad humana exige un acompañamiento más cercano. Solamente repetir la palabra de Dios através de ritos religiosos (culto y misas) no es suficiente para que el indivíduo vuelva a ser un ente activo, sujeto de sus propias decisiones. Con esta pastoral se quiere sentir el accionar diario de Dios. Orientar a la población refugiada a descubrir sus potencialidades humanas que les hacen ser constructores de su propio destino. La esperanza en el regreso a su país es el eje' central de esa pastoral. Esta esperanza anima y fortalece a la comunidad para superar sus problemas en el exilio y los hace ver que sus hermanos están luchando en El Salvador, dando su vida por la construcción de una nueva sociedad, creando condiciones para el futuro regreso cuando la persecusión y la muerte violenta ya no exista más. La esperanza profética es viva, pues la gente construirá casas y vivirá en ellas, sembrarán viñedas y comerán sus frutos (Is 65.21).

En esta pastoral de acompañamiento con los refugiados la Biblia es un arma fundamental. El mensaje bíblico ayuda y da fortaleza a la comunidad. Ayuda en los encuentros a que reflexionen sobre sus problemas, las causas del exilio, ayuda a compartir puntos de vista y la integración e identificación como comunidad. Dentro de esa pastoral de acompañamiento se han implementado Talleres Populares de Teología. En estos talleres, como dice el propio nombre, no es el pastor el que dirige el encuentro sino el propio colectivo. Eso lleva también que la producción teológica es comunitaria. La metodología aplicada en esos talleres teológicos va permitiendo que todos hablen de Dios de una forma muy cercana y fácilmente identifican un mártir o un caído con Jesus. La interpretación bíblica y su intercambio con su realidad los hace tener una visión más objetiva de la realidad socio-política. El sentimiento de impotencia y frustración va dando lugar al individuo activo, capaz de buscar alternativas a la situación de la comunidad.

El caso de Ana María y sus hijos es la muestra de que las potencialidades del ser humano son ilimitadas. Después de solo un ano es una líder de una de las comunidades. Ella hace parte del equipo pastoral y una de sus tareas es recibir y acoger a los nuevos hermanos que vienen huyendo de la represión y persecución en El Salvador. En uno de los últimos talleres de Teología hemos reflexionado sobre un texto de la pasión de Jesús, y dentro de las muchas contribuciones de la comunidad aún suena la de Ana: Todos nosotros hermanos hemos convivido con la muerte, por eso todos nosotros somos tan parecidos a Jesús. Pero debemos tener certeza que por detrás de ese calvario que vivimos los salvadoreños está nuestra pascua...

Ill — La palabra viva... ilumina

(Testimonio de Ana María, refugiada salvadoreña en Nicaragua)

Hace mas de dos anos conocimos a Ana María y sus tres hijos menores. Habían llegado de El Salvador. Su madre había muerto en uno de los bombardeos que la fuerza aérea realiza sobre la población civil. Ana María y sus hijos parecían seres sin vida, tenían un rostro triste y unos ojos que expresaban dolor.

Los últimos anos no habían pasado tan siquiera un día tranquilos. Los frecuentes bombardeos de los aviones y los operativos del ejército les habían convertido en peregrinos. Siempre que el ejército pasaba por el Cantón donde vivíamos, destruían nuestros siembros y se llevaban nuestros animales..., cuenta Ana María. Y lo más terrible pasó dos semanas antes de llegar acá. Los del ejército llegaron a nuestro rancho exigiendo que colaboráramos con ellos denunciando quienes de los vecinos estaban ayudando a la guerrilla. Nosotros dijimos que no podíamos colaborar, pues no sabemos nada. Fue entonces que ahí mismo mataron a Juan, mi esposo, y dijeron que lo mismo harían con mis hijos y conmigo si no colaborábamos con ellos. Fue por eso que nosotros salimos huyendo de ahí, para salvar nuestras vidas. Nos refugiamos en la Iglesia Luterana y ellos nos ayudaron a llegar a Nicaragua.

La comunidad les recibió con mucha alegría, muchos hermanos se acercaron a ella para oirla y transmitirle nuestra solidaridad humana. Se integraron a la comunidad en donde pudieron sentir que sus problemas, tristezas y amarguras no eran exclusivos de su grupo familiar sino que es la característica que identifica a todos los refugiados. Ana María empezó a constatar que su historia es la historia de centenares de familias salvadoreñas. Desde el inicio de la guerra en el ano 1980 hasta hoy han muerto más de 70 mil personas de la población civil y hay más de un millón de refugiados salvadoreños en América Latina, Estados Unidos y Europa, que constituyen el 205 de la población total de El Salvador.

Cuando Ana María empezó a compartir la reflexión de la palabra junto con la comunidad, la tristeza empezó a desaparecer de su rostro y es como decía ella: Yo estaba muy triste. No podía entender por qué Dios me castigaba tanto. Siempre mi mama y toda mi familia decían que todos los sufrimientos que padecíamos eran castigos de Dios. Todo en la vida sucede porque Dios así lo quiere. También el Pastor de la iglesia de mi Cantón lo repetía en cada culto. Por eso cuando algo desagradable sucedía en mi vida yo me sentía mala y consideraba que todo me sucedía como castigo de Dios. Cuando mis hijos se enfermaban o morían, porque tengo tres hijos, pero han muerto cinco, yo siempre veía esos hechos como castigo de 'Dios. Me sentía realmente mala.
Al igual que Ana María la mayoría de personas que llegan a nuestra comunidad, tienen una visión abstracta de Dios, con criterios más que divinos, místicos que los llevan a una pasividad y conformismo. Ese Dios lejano y fatalista de ninguna manera se asemeja a la visión clara y precisa que encontramos en la práctica de Jesús, que es la dinámica y de lucha. Por eso un planteamiento así no solo es una equivocación, sino un sacrilegio. El evangelio es claro: Nadie tiene mayor amor que él que da la vida por el hermano (Jn 15.13). Este versículo encierra una verdad activa porque el hecho de dar la vida por el hermano es un acto de decisión por la vida para que haya vida. No es una invitación a la pasividad y al conformismo.

Cuando participe en la primera reunión de reflexión teológica, llamada Taller Popular de Teología, recuerda Ana María, me quede sorprendida por la forma en que los compañeros hablaban de Dios. Hablan de Dios en una forma íntima y familiar. Al principio me asusté. Siempre había pensado que Dios estaba en el cielo y aquí me estaban diciendo que Dios está aquí en la tierra, junto a mi. Dios está, me decían, en todas las situaciones donde hay ternura, donde hay amor. Recuerdo como me marco el hecho de que cuando pregunté, donde realmente está Dios. Un niño de apenas diez anos me dijo que Dios estaba en una bella flor que prendía de una ramita cerca de donde él estaba sentado y que por eso no cortaba esa flor. Un campesino joven, que le hacía falta un brazo, me dijo que Dios estaba también en la lucha del pueblo salvadoreño y en la de todos los pueblos que luchan por la justicia y por la paz. El joven dijo que como cristiano se sentía feliz de haber ofrendado parte de su cuerpo a la lucha del pueblo, era lisiado de guerra; porque sentía que era una lucha por amor. El dijo que en todo momento en el frente de guerra, sintió que Dios le acompañaba porque su lucha es por amor a los demás como dice Juan: A Dios nunca lo ha visto nadie, pero si nos amamos unos a Otros, Dios vive en nosotros y su amor se hace realidad en nosotros (Juan 4.12).

Otro taller en el cual he participado que me hizo comprender mejor lo que sucedía a mi alrededor fue el que se refino al reino de Dios. Allí hablamos como Cristo vino al mundo para anunciar la buena nueva que es en su esencia vivir del reino de Dios aquí en la tierra. Es decir, el anuncio de una nueva sociedad donde haya vida y mane leche y miel.

Recuerdo, dice Ana María, como me impacto la discusión sobre la multiplicación de los panes, sacado del texto de Mateo 14.13-21. Siempre había pensado que la multiplicación de los panes había sido un milagro, en el cual Cristo mostraba el gran poder de Dios; pero en la discusión se llegó a la conclusión que el texto de la multiplicación de los panes encierra un mensaje claro que denuncia y anuncia. Es decir un mensaje profético que podemos dividir en dos partes: la primera parte es la denuncia a una sociedad injusta. Es la crítica al sistema mercantilista que nacía en esa época. Todo se podía comprar con el dinero. Ello encierra un problema serio y es el hecho de que parte de la gente que no tenía dinero, no comería, lo cual es una injusticia. El otro aspecto es el anuncio de una nueva sociedad en donde la igualdad fuera una de sus características y donde el dinero no fuera imprescindible para vivir; pero sobre todo que se tenga la capacidad de poder compartir lo que se tiene. Se había, entonces, de una sociedad igualitaria y comunitaria donde ya no hay acaparadores. En síntesis el anuncio del Reino de Dios aquí en la tierra.

Con toda humildad puedo decir que la palabra de Dios ilumino mi vida porque me ha hecho tener más seguridad en mi misma y darme cuenta que si Dios me hizo a su semejanza, eso significa que tengo mis facultades físicas y psíquicas para poder vivir como Dios manda y que los hechos negativos que suceden en mi vida no son castigo de Dios porque Dios es amor y ama a sus hijos con todo el corazón. Lo que sucede en la tierra es producto de la mezquindad y el egoísmo de los hombres.

Así mismo he llegado a comprender que la palabra solo es de Dios cuando ilumina al hombre en su práctica diaria dentro de la sociedad. Es decir en el mundo y con el mundo. Para terminar, dice Ana María, quiero expresar que hoy si tengo bien clarito donde está Dios y donde están los hombres. Ya no creo que todas las injusticias que sufrí en El Salvador son porque Dios quiere; sino que son el producto de las estructuras injustas que oprimen al pueblo salvadoreño. Así mismo tengo la convicción que el anuncio de la Buena Nueva es una esperanza escatológica que se realiza aquí en la tierra, con la participación activa de todos los hombres, por lo tanto más temprano que tarde se hará realidad en El Salvador. Por eso vivo plenamente mi vida.

Ana María en la actualidad es uno de los elementos más dinámicos de la Comunidad Luterana Fe y Esperanza. A partir de su vivencia, siempre trata de recibir a los nuevos refugiados que llegan de El Salvador animándoles a que se conviertan en autores de su propio destino. A los hermanos cristianos les explica por qué nuestra iglesia luterana es perseguida en El Salvador; en palabras sencillas les explica que la iglesia luterana salvadoreña es perseguida porque se ha puesto al lado de los pobres por compartir el destino de los pobres. Los pobres junto a la iglesia que les acompaña son el pueblo crucificado en este momento histórico, es el pueblo que resucita a Cristo, para seguir sus pasos y como decía monseñor Romero: Ellos son los que completan en su cuerpo lo que falta a la pasión de Cristo.

Eso da aliento a los refugiados que llegan a nuestra Comunidad, sufriendo persecución en muchos casos solo por alertar a los sufridos desde la palabra de Dios.


Autor(a): Ilo Utech e Vicky Cortez Utech
Âmbito: IECLB
Título da publicação: Proclamar Libertação / Editora: Editora Sinodal / Ano: 1989 / Volume: 15
Natureza do Texto: Artigo
ID: 13527
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